Alfredo Reyes nace a los pies del Albaicín, en Granada, el último domingo de Septiembre de 1965. Muy pronto descubre con verdadera fascinación las posibilidades expresivas del dibujo y decide realizar los estudios de Bellas Artes en Sevilla.Durante estos años de necesario aprendizaje reafirma su voluntad de dedicarse profesionalmente al Arte y comienza a participar en exposiciones colectivas y concursos donde su obra es seleccionada. Recién acabada la licenciatura comienza a impartir clases de dibujo como profesor de enseñanza secundaria. El ejercicio de su profesión le traslada durante seis años a Ugíjar (en la Alpujarra granadina). Allí abre su propia sala de exposiciones donde muestra su obra con gran aceptación. Con motivo de la visita de los Reyes a esta población, los monarcas son obsequiados con un dibujo de Alfredo —que en la actualidad se encuentra en el Palacio de La Zarzuela— alegórico a la Virgen del Martirio y los Mártires de la Alpujarra. Posteriormente ejecutará este mismo
tema en un cuadro al óleo que se halla en el camarín de la
Virgen del Martirio , en la Iglesia de Ugíjar. Paralelamente realiza exposiciones individuales en Granada y Madrid, en las que alterna dibujos con óleos, figuras con paisajes. De la mano de Antonio Morales participa en exposiciones colectivas en New York junto a pintores como Revello de Toro, Vázquez Díaz o Celedonio Perellón. Ya es reconocido por su tratamiento de la figura y como retratista. En 1996 se traslada a vivir a El Ejido (Almería), donde reside en la actualidad. Desde entonces expone con regularidad también en Almería, en la galería del ya tristemente fallecido pintor y amigo Miguel Cantón Checa. En el año 2000, la Consejería de Educación y Ciencia lo premia por sus ilustraciones en el cuento “Historias de la plancha Pancha”. Realiza también dos óleos de gran tamaño para el presbiterio de la Iglesia Santa María de la Paz de El Ejido y posteriormente el retrato del actual
Obispo de Almeria , Don Adolfo González Montes, el del Santo José María Rubio y el del Mártir Diego Ventaja.En la actualidad podemos encontrar en el mercado editorial diferentes
publicaciones de distinto carácter que tienen como portada óleos y dibujos de Alfredo.Ahora prepara su próxima exposición individual (de carácter itinerante) y la publicación de un libro-catálogo que muestre lo más significativo de su obra.Sus trabajos pueden encontrarse en la Galería Ceferino Navarro de Granada, en la Galería Argar de Almería y en la Galería Xeito de Madrid.
Mientras otros artistas —en su afán por alcanzar formas distintas de expresión— buscan el artificio y huyen de las técnicas tradicionales, Alfredo Reyes se encuentra extraordinariamente cómodo en el óleo y en el dibujo a carboncillo y grafito.
Cree con firmeza que la originalidad del artista no radica en los medios y materiales con los que se realiza la obra sino en lo que ésta es capaz de transmitir al espectador. El trabajo solo pertenece al autor durante su elaboración. Una vez acabado, cobra vida propia, se desvincula. Está en manos de un público abiertamente sincero cuyo único y valioso conocimiento se encuentra en si mismo, en su autenticidad como colectivo y que no debe buscar en los teóricos del Arte, sujetos siempre a la manipulación derivada de la ideología de turno o de las leyes de mercado. Un público que ha de ser valiente y hacer del buen gusto su seña de identidad, sin complejos; que defienda la emoción frente a aquellos que intentan avasallar con su erudita e irrespetuosa verborrea, en su mayoría amantes del feísmo y con frecuencia amparados por instituciones públicas y privadas.
Con este convencimiento desarrolla su trabajo. Las imágenes que actualmente elabora nos muestran escenas cotidianas donde la presencia de la figura humana es una constante. Todos los elementos que aparecen constituyen una cuidada escenografía cargada de gestos que nos invita a participar de la escena. Y formando parte del juego, como traviesos compinches, aparecen los grandes autores. Se asoman en ocasiones abiertamente, en otras con disimulo y casi siempre participando de la broma. Es, en definitiva, un cruce de miradas entre el pasado y el presente que persigue la confidencia del espectador.